jueves, 23 de septiembre de 2010

Mi casa está Cerro Arriba (S.Oliveira)

mi casa esta cerro arriba


Mi casa está cerro arriba, cerquita del cielo…

…Y mi barrio se llama “la Esperanza”.


Mi amigo Francisco me dice, que es tal vez la forma que tenemos los pobres para acercarnos a Dios y a lo mejor de esta manera, le sea más fácil escuchar nuestras plegarias.


La fría niebla de la madrugada, se escurre por entre las sábanas, indicándonos la hora del trabajo, son las cuatro y media de la mañana y huele a café por todo el barrio, en el cuarto cercano se escucha una discusión infantil, son mis hijos que deciden (indecisos), quien será el primero en hundir sus pequeños cuerpos en las frías aguas de un pipote, mi mujer con mucha paciencia les calienta el agua como para apaciguar los escalofríos, luego corre al fogón, para darle vuelta a las arepitas dulces del desayuno y la merienda.


Al abrir la puerta, respiro profundo el aire helado y me detengo a observar la inmensa ciudad, llena aún de puntos brillantes, que se posa ante mis pies; me siento un “Moisés” portando las tablas de la esperanza con los cuales salvar a su pueblo… de pronto siento un golpecito en mis piernas y una voz pequeñita me recuerda que debo dejar los sueños en la cama o llegaremos tarde a la escuela.


Son las cinco y media y nos preparamos para nuestro “deporte extremo mañanero”: bajar los sopotocientos escalones que separan mi casa de la calle principal.

Vamos bajando y el recuerdo se me acerca, estas escaleras eran de tierra y en épocas de lluvia, a más de uno se le convirtieron en vía expresa de resbalones, porrazos y hospitales; poco a poco las fuimos reparando y al menos ahora, las aguas de lluvia corren por los bajantes.


La gente como hormiguitas van saliendo a sus quehaceres diarios y nosotros empezamos a saludarlos.


Armando, el barbero del barrio, me saluda recordándome que mis hijos tienen las greñas muy largas, y bajando apurado, me recomienda que si quiero él pasa por la casa y los afeita; Juanito, mi hijo mayor me mira dejando entrever por el medio de su gran pollina una mueca de rabia…


Veo al Sr. Domingo, latonero de una compañía de autobuses, constructor de viviendas y hacedor de cosas con madera; él y el Sr. Perdomo que es maestro de obras y albañil, ayudaron a construir nuestras casas.


Seguimos bajando y me paro, para comprar mis cigarrillos diarios, en la bodeguita del Sr. Moreno, mis hijos me miran como recordándome la “palabra prometida” de dejar de fumar, les enseño los “tres” que acabo de comprar y les recuerdo que fue el compromiso aceptado… Pedrito el menor, me guiña un ojo con picardía.


Este Sr. Moreno (nunca lo llamamos por su nombre) es un hombre de tez oscura, martiniqueño, de mediana estatura, se dice que trabajó en las petroleras y con sus prestaciones compró esta casita y la trasformo en “bodega”, todos lo respetamos y no es raro escuchar a la gente “Moreno, anótalo en mi cuenta”; cuando mando a mi hijo mayor a pagar el “fiao”, siempre le da su “ñapa”.


Me detengo en el primer cruce y doblo a la izquierda, dos casas mas y está mi madre barriendo la entrada de su casita, ¡Bendición! gritamos a coro y mis hijos corren a donde su abuela, ella firme los espera aguantando el empujón; a veces siento temor de que la tumben, he intentado regañarlos pero mi madre no me lo permite; mientras tanto sendos besos retumban por el aire… su fortaleza me impresiona.


Me acerco a ella y huele a jazmín, está muy arregladita, siempre ha sido así, se pone muy bonita para barrer el frente y darles los buenos días a sus vecinas.

Por cierto al asomarse la Sra. Carmen “la costurera”, le digo que le voy a mandar el domingo, unos pantalones para que me les alargue el ruedo. Me despido de ella, pensando cuantos pantalones habrá remendado esta señora.


Me llevo la vianda con mi almuerzo, amorosamente preparado por las arrugadas manos de mi madre… y un “Dios te Bendiga” acompañado del “cuídate mijo”, es la despedida hasta las 8 de la noche, cuando de regreso vuelva a pedirle mi bendición nocturna.


Me consigo con Aquilino, es el inventor de cuentos de nuestra barriada, todas sus historias son tan mentiras, que a veces me pregunto si de verdad él existe; Aquilino tiene un kiosquito abajo, en la entrada de nuestro barrio, el cual es, además de el lugar de parada de cientos de vecinos que esperan entre sueños y bostezos a que pase el autobús, un lugar de ventas de periódicos, suplementos, playboys y “quinticos” de la lotería.


Ya formamos una procesión, cientos de vecinos nos acompañan, muchos todavía bostezan medio dormidos; a mi lado pasa el joven Manuel, las malas lenguas dicen que es de izquierda, “ñángara” y que también que fue guerrillero, a su lado va la hermana, siempre con una carita de profunda tristeza y un abultado vientre que le falta poco para reventar; sé por los escándalos nocturnos que su madre es alcohólica y que ella va a formar parte de la infinidad de “niñas-madres-solteras”.

Pensativo me voy enlentando, y mis hijos apurándome, me recuerdan que empieza a hacerse tarde.


¡Cuidado! Gritan, y por instinto nos hacemos a un lado, es el manco Manuel le dicen “punto y coma”, casi nos atropella, como explicación y disculpa nos saluda y me comenta, saltando las escaleras, que se le “ha hecho tarde y debe estar en el Metro para retirar su efectivo” (en otras palabras vive del “martilleo”).


Antes de llegar al final de la cuesta, me detengo para pedir la bendición y dar sendos besos a dos personas que quiero mucho:


Una es mi maestra Aleja, aunque es solo un poquito mayor que yo, fue la que me enseñó a leer y escribir.


Hace ya algunos años la única escuelita (Kínder) del barrio la tenía su mamá la Sra. Rosa, allí recibimos las primera letras casi siempre acompañadas de unas cuantas palmadas en el trasero, y un hermoso abrazo de salida.


La otra es Elba, hija del Sr. Domingo “el Latonero” y hermana del “ciego” Simón, por cierto, este es el pintor de nuestra comunidad, muchas casas tienen colgados en sus paredes cuadritos pequeños, bonitos y baratos, realizados por él.


En cuanto a Elba, es la curandera del barrio, todos nos hemos recetado con ella y no importa si es un dolor de estomago, fiebre, mal de ojos, culebrillas o mal de amores; siempre tiene una cura para todo.


Después de estos hermosos besos, llegamos al final de la escalera.


Son la seis de la mañana… y nuestra calle principal, nos recibe llena de personas que toman autobuses, camioneticas y motos para esparcirse llenas de esperanzas por toda la ciudad.


¡Dios bendiga a todos, y los cuide en su retorno!

S.Oliveira
2010.09

Dialogo de las esquinas.(Pedro Bermúdez)

Esq. Puerta de Caracas (Armando Vizcaya)
Parroquia La Pastora

Las puertas se abrieron al dialogo, las esquinas se asoman a las ventanas, las casas guardan su historia, el Camino de los Españoles se hizo más largo, los Castillos soportan al tiempo, las lajas y las piedras del viejo camino, cuenta la historia de los arrieros y pobladores que viajaron desde la Puerta de Caracas a la Cruz de la Guaira, el rio Catuche y el Caruata ya no pasaban por las quebradas a llenar el estomago de la sedienta Caja de Agua, las posadas y la bodega se alegran con la llegada de los incansables viajeros.

Subida, bajada, ríos, riachuelos, los cerros, calles, callejones y parroquias.

Las puertas de Caracas se mantienen abiertas para que pasen las bestias de carga, con todos sus frutos y hortalizas que vienen desde Hoyo de la Cumbre, las Canoas, Sancho Orquiz y Llano Grande, la boca del desecho se prepara para la llegada de la procesión de la virgen y los excursionistas.

La primera estación hace un descanso en nuevo nido para continuar hasta el Castillo Negro, el Mirador, el Cují y Sancho Orquiz.
Los Tanques se hicieron más pequeños, la Toma se secó y el Catuche se hizo riachuelo…se convirtió en transporte de basura.

Alcantarillas añora el aroma de las matas de galletas.

San José y San Rafael dialogan con San Vicente y Medina; ellos dicen que el Nazareno está muy cerca de Santa Isabel, San Pascual y Natividad; San Fernando busca a la Gloria para conversar con Acevedo y Porvenir; Zapateros pasan por el Puente de Miraflores para llegar a Cola de Pato, Tinajitas y las Termopilas; El Balcón de Portillo lo quitaron, la subida de Torrero se hizo más pequeña.

Hay una conversación con el Guanábano. Carlos Tercero y Negro Primero, hablaron de los Mecedores y el Ávila sobre protección de la Pastora.

El Puente Monagas oye el alboroto de la Plaza que celebra los carnavales y las fiestas patronales.
La Iglesia se alegra con la celebración de los bautizos, los padrinos tiraban caramelos y mediecitos, la Pastora abre sus brazos a todos los deportistas en su reencuentro todos los años.
El cine Pastora se quemo, el Granada lo quebraron, el Plaza lo cerraron; la Bajada de los Perros se redujo, Embarrancados solo quedan tres casas; Amadores recuerda con tristeza la muerte de José Gregorio Hernández.

Cardones desde arriba de pie vigila a Pineda para que no caiga en el infiernito y desde lejos Santa Ana la cuida; Tajamar trabaja con Calle Ciega y la Cruz para poner a Cristo al revés

Sucre, Santa Rosa y el Mercado hablaron de la tragedia de la fábrica de cohetes que explotó en la Vuelta de la Auyama; el Cuartel, las Delicias, el Cuño y Dos Pilitas ven con alegría la magia de la Cebadilla que transforma cada día el cromatismo.

El Ávila protector de la ciudad y desde Galipán traen flores para adornar al viejo y  recordado Cementerio de los Hijos de Dios; el Mirador nos cuenta la historia de la explosión del Polvorín que alumbro toda la Pastora; las plazas, las calles nuevas, la primera calle, segunda calle, tercera y cuarta calle; escalinatas y dispensarios bajaron por los Hornitos para llegar a la Quinta Amelia y Curazaito; el parque, calle Bolívar y Manicomio, organizaron una fiesta para invitar a los Manguitos; la iglesia, la casa del abasto subieron por el Rosario, la primara y segunda Loma, hasta los Altos de Lídice; la vieja y recordad Laguna de pronto se convirtió en bloque.

La calle Bolívar la arreglaron hicieron un maratón con todos los lotes, Moscú y la Quebrada, la Barranca, escalera y el talismán de los artistas.

La parroquia extendió su vista hasta la gran ciudad, la mayoría de las calles, callejones, esquinas, desean que los pastoreños vuelvan  su parroquia.

Pedro Bermúdez.

lunes, 13 de septiembre de 2010

II Muestra de Artes Visuales (Parroquias del Norte)

Afiche de la II muestra

Luego de llevar con gran éxito la realización de la “I Muestra Pictórica Artistas Plásticos de la Parroquia San José”, y siendo invitado para participar como Jurado (por invitación del Alcalde Aristóbulo Izturiz y la comisión de cultura) al principal Salón de Caracas (Salón Juan Lovera- Premio Municipal de Arte 1994) y con la intención de cambiar realmente sus normas y características, un grupo de pintores comenzamos a preparar un proyecto, en donde se trataba a el Premio Municipal de Caracas como un evento suscrito solamente para el área metropolitana y el cual debería comenzarse a gestar por la realización de exposiciones sectoriales (por Parroquias) desde donde se escogerían los pintores que después participarían por el Premio Municipal de Caracas.


Considerábamos que de esta forma el premio haría honor a su gentilicio y además de crear nuevos sitios donde expresarse mediante el arte, se evitarían mucho de los excesos que aún hoy (2010), se cometen.


Y para ello se nos ocurrió como prueba realizar la “II Muestra de Artes Visuales Parroquias del Norte”, contactamos al Dr. Félix Oletta y luego de contarle nuestro proyecto, se mostró entusiasmado y nos presto los espacios de la “Escuela de Medicina”.


Esta vez se le dio el nombre de “Homenaje al Pintor: Manuel Silvestre Pérez”, uno de los creador del “Taller Libre de Arte”, el cual construyo su vivienda en la Calle del Barrio El Retiro, detrás de lo que hoy conocemos como CEMAPP.

ver fotos en:

sábado, 4 de septiembre de 2010

I Muestra Pictórica Artistas Plásticos de la Parroquia San José

1ra Muestra Pictorica Artstas de San José




Fecha: enero de 1993. Lugar: la esquina de: San Nicolás c/ Carmelo, Parroquia San José…

En esa oportunidad, un grupo de vecinos, pintores y promotores culturales, armados hasta los dientes con tobos haraganes y escobas, nos reunimos en la sede de la Escuela de Medicina “José María Vargas”, para protestar por el abandono de esa edificación (para ese entonces tenía doce años en construcción y un año de paralización de las obras).
Allí, entre palas y escobas, tuvimos la oportunidad de encontrarnos y conocernos varios de los pintores que habitamos en esta parroquia: Armando Vizcaya, Rafael Prim, Julio Cesar Rovaina, Yolanda Pedraza, Antonio Estrada, Rafael (Robin) Flores, entre otros.
Y junto a El Director de esa escuela el Dr. Félix Oletta, la promotora María Eugenia Egui, nuestro eterno amigo Aníbal Isturdes y los estudiantes de ese centro nos pusimos a limpiar las instalaciones inconclusas.

Antes, habitantes vecinos y usuarios, habíamos logrado la victoria de paralizar la construcción del tramo Fuerzas Armadas-Cota mil, que pretendía la destrucción del vetusto Mercado de las Flores y de una gran cantidad de casas de la parroquia; por cierto esa misma victoria se logró hace algunos meses, cuando esta vez, el “Bus-Caracas” intentó tragárselo con todo y flores.

Cuando lo de la Cota mil, los pintores del Norte pusimos muchos granitos de arena realizando exposiciones y talleres de pintura en la calle.

Desde ese entonces, ha sido costumbre encontrar que nuestros cuadros estuvieran presentes en las luchas de San José y Altagracia.

De esa primera defensa a la escuela de medicina, salió la propuesta de realizar una exposición pictórica, donde los artistas de San José mostraran al público en general parte de sus trabajos.
Al cabo de unos meses (julio 1993) teníamos montada la “I Muestra Pictórica Artistas Plásticos de la Parroquia San José”, la cual se realizó como homenaje al pintor, teatrero y luchador social: Cesar Rengifo, quien fuera habitante de este sector.
En esa muestra, junto a pintores jóvenes (Armando Vizcaya, Saúl Huerta o Raúl González) tuvimos la oportunidad de ver trabajos de maestros como: Alirio Oramas, Manuel Silvestre Pérez (ambos fundadores del “Taller libre de Arte”) o Julio Cesar Rovaina, sin menoscabar los trabajos de: Otilia Idrogo. Emilita Rondón o Enrique Torres (pintores ingenuos).
En total fueron 34 artistas los participantes, todos ellos tenían en común el haber vivido en nuestra parroquia.

De esa exposición salió la siguiente proclama, pensada y discutida por los artistas participantes:

“NOSOTROS LOS ARTISTAS PLÁSTICOS DE SAN JOSÉ…”

Asistidos desde siempre por la convicción de los espíritus libres, partícipe desde entonces de la veta inagotable de un manantial creador, donde cada uno hemos querido expresar una propuesta al mundo, a partir de un caudal de sueños compartidos, construidos con retazos de esfuerzos al fragor de la vida cotidiana.

Hemos querido transmitir el sentir de la vida que bulle por dentro en cada uno de nosotros, de tal modo que podamos encontrarnos, cual espejo, reflejados en el más sencillo de los hombres navegando en un cosmos común y familiar.

Ya que procedemos de mágicas instancias, donde la tierra, los mitos, lo divino y lo místico nos reencuentran, entrañados en lo más hondo el sentir profundo de la realidad que nos ha tocado en suerte. Hemos devenido ahora, en textura, formas y volúmenes pretendiendo quizás transmutarnos en cada momento vital que nos rodea; donde naturaleza y don creador se conjuran presagiando la eterna condición primigenia del creador, donde el fin último es que somos capaces de ensoñar y cumplir en la vigilia con el tropel de sueños que siempre nos han hecho compañía.

Hemos observado, escudriñado, vivido, las historias, los conceptos, las técnicas a partir de las expresiones plásticas actuales. Sabemos que a través del tiempo un puñado de hombres irredentos ha dado lugar muchas de las corrientes artísticas que el mundo ha conocido, desde el arte rupestre, el cinetismo, el lirismo puro, etc., y hemos descubierto esa riesgosa posibilidad y latente intemperancia en la que apasionados nos sumergimos en aquellos sueños propios y ajenos con el único fin de cumplir nuestro destino.

Venimos con el alma cargada de combates, de experiencias al lado de hombres próximos, de amores y vinos particulares que nos reúnen en este mundo Caribe, ancestral, donde nuestra mayor riqueza es la sangre, el color, el verdor y la fuerza de nuestros músculos para el abrazo fraterno.

Julio 1993


Ver también: